¿Qué tan flexible puedo ser si mi hijo no quiere comer nada?

La flexibilidad debe ser vista desde un todo y con reglas de juego, no se trata de ceder a la libertad absoluta o hacer lo que uno quiera como papá o mamá.


Foto: Pexels (Mikhail Nilov).

Lo que hay que hacer es dialogar y preguntar y así encontrar el origen de por qué los niños no quieren comer. Pueden ser: patrones, horas del día, comportamientos, rutinas. La flexibilidad no significa despreocuparse.


Pensar en flexibilidad cuando nuestros hijos no quieren comer implica cuestionarnos sobre:

  • La escucha activa.

  • Aplicar la intuición de padres.

  • Observar posturas corporales.

  • Prestar atención al tono de voz y/o llanto.

  • Cuadrar y no ser rígidos con los horarios.

  • Atención a las frecuencias de comidas.

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¿Qué significa ser flexibles?

Optemos por conversar y llegar a acuerdos, por ejemplo: “no comemos en este momento, pero probamos dentro de un rato y nada de picoteo por ahora”. La flexibilidad implica establecer normas.


Es verdad que no hay que ser estrictos cuando nuestros hijos no quieren comer, pero tampoco se puede bajar la guardia, ya que puede haber problemas de salud que se manifiestan con la inapetencia y que no se pueden desatender.

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Las conductas flexibles frente a la comida y el apetito no son un motivo de preocupación, porque se pueden moldear y trabajar.

Algo importante en lo que poner atención es evitar el 'over snacking', también conocido como el constante picoteo u ofrecer pequeñas porciones de comida en corto tiempo. Lo que hay que hacer es optar por rutinas en los procesos de alimentación, así como se hacen para dormir, por ejemplo:

  1. Conocer el menú de lo que vamos a comer.

  2. Elegir qué vamos a comer de lo que se preparó.

  3. Lavar las manos.

  4. Elegir el plato y el babero.

  5. Decidir dónde quiere sentarte.

Escupe, rechaza y se enoja al comer

Para estas actitudes no existe una regla fija sobre qué hacer o cómo actuar, pero sí hay que hacerlo en el corto plazo para saber la causa.


Hay que trabajar en conjunto con el pediatra y psicólogo, como mínimo, para valorar al bebé y entender el origen del comportamiento que le hace rechazar la comida.



 

Foto de portada: Freepik (gpointstudio).

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