Estreñimiento: resolvamos esta incomodidad para los niños

Actualizado: 7 nov 2021

Primero es muy importante que no confundas estreñimiento con la cantidad de veces que se produce una evacuación; porque esta es netamente una retención anormal de materia fecal, que cuesta ser expulsada y que cuando sale genera incomodidad, dolor o incluso sangrado, debido a que se endurece y seca por estar mucho tiempo en la última pare del intestino grueso.


Foto: Pixabay.

Un bebé alimentado únicamente a base de leche materna, hace muchas veces popis y es normal, pero esta frecuencia cambia después del mes y las evacuaciones se vuelven más distantes sin generar incomodidad. Hay niños que pasan hasta 10 o 15 días sin expulsar heces y no manifiestan incomodidad.


A los seis meses cuando se inicia la alimentación complementaria, la frecuencia y consistencia cambian, así que no te alarmes, a menos que notes signos anormales.


Al llegar al año suelen aumentar las consultas de los padres por estreñimiento, pero el 95% de los casos depende puramente de los hábitos de alimentación que lleve el pequeño.


Luego de los dos años, se suele notar otro cambio claro en la frecuencia, sobre todo por el hecho de empezar a dejar de usar pañales y controlar esfínteres. Es posible que esto genere miedo, incomodidad y asco en los niños, lo que los lleva a retener las heces naturalmente o por voluntad propia, por lo que desde la parte conductual recomiendo trabajarlo mucho.


Entonces ¿qué debo controlar para evitar el estreñimiento?

Foto: Pexels (Pavel Danilyuk).

Lo primero es recoger en la historia clínica su información alimentaria a través de un cuestionario destallado (anamnesis alimentaria) que incluya cómo fue su gestación, nacimiento, lactancia, medicación si la tuvo, porque esto nos va a llevar a conocer qué tipo de microbiota tiene, es decir cómo está su salud intestinal. Incluso para arrancar el plan de tratamiento también conviene saber cómo ha sido su neurodesarrollo, lenguaje, control de esfínteres y un examen físico aportado por el pediatra.


Con este panorama, entonces se puede arrancar de forma personalizada el tratamiento a seguir para ese niño o niña.


Normalmente se sugiere evitar el consumo elevado o excesivo de jugos, galletas y lácteos, estos productos son clave para revenir.


Las Sociedades de Nutrición aconsejan tres porciones de lácteos al día en la infancia, a partir del año de vida. Sin embargo, un gran número de niños consumen mucho más que esta recomendación, generalmente debido al desconocimiento de los padres en que el consumo de lácteos por su alto contenido en fósforo interferirá en la absorción del calcio.



El Comité Nacional de Gastroenterología Pediátrica de la Sociedad Argentina de Pediatría ha concluido que la dieta de muchos niños estreñidos carece de fibra y predomina el consumo en grandes cantidades de lácteos, yogures y que los cambios alimentarios son fundamentales para mejorar la constipación o el estreñimiento y la salud intestinal.


Por eso yo recomiendo para la prevención y manejo del estreñimiento, el consumo controlado de probióticos (como el yogurt, kéfir, la kombucha, chucrut y los encurtidos), prebióticos (como el ajo, la cebolla, las alcachofas, los plátanos y las frutas), pero sobre todo considero clave promover una alimentación real que no incluya ultra procesados y donde no se usen medicamentos de forma indiscriminada e innecesaria.


¿Y los laxantes sí o no?

A menos que se evidencien pujos, dolores, gritos o sangrado, no hay motivos para recomendar laxantes o supositorios y en ese caso, es mejor que lo recete un médico.



En caso que quieras optar por una alternativa de laxante natural, te recomendaría optar por dar aceite de oliva en ayunas (una cucharadita), compota de ciruelas, agua de ciruelas, frutas con semillas (granadilla o pitaya) o agua de chía. Y olvídate de que las semillas se van a quedar atrapadas en su viaje por el intestino, ese mito quedó atrás hace mucho tiempo.



 

Foto portada: Freepik (jcomp).

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